De vez en cuando va bien hacer el turista, es positivo para el espíritu. Así, me voy a visitar los volcanes de La Palma. En serio, es interesante. La Palma, la isla más occidental del archipiélago, es de origen volcánico, como el resto, y se eleva abruptamente desde la plataforma oceánica. El perfil es, en general, muy agreste y los desniveles, potentes. Se originó a partir de la zona de la Caldera de Taburiente, más antigua y ahora inactiva; y luego ha ido creciendo hacia el sur gracias a la dorsal de Cumbre Vieja, un conjunto de volcanes y cráteres más o menos distribuidos en forma lineal hasta el Teneguía, a tocar de la costa.
El último en entrar en erupción fue el Tajogaite, en 2021, causando grandes destrozos y cambiando radicalmente el paisaje. Nos acercamos a visitarlo, el panorama es excepcional, cubierto totalmente de ceniza y la variedad de piedras que expulsó la erupción. Muchos ejemplares de pino canario que sobrevivieron se mueren ahora con las raíces quemadas por el calor del subsuelo.
En el cráter observamos alguna fumarola activa, y a una cierta distancia también encontramos un agujero por el que sale aire caliente.
Aparatos de medición, sismógrafos y termómetros
En un amplio radio se acumulan enormes cantidades de ceniza
Cerca del cráter se percibe con claridad un fuerte olor a azufre, que tiñe de amarillo los bordes
Detalle del cráter con los depósitos de azufre
Una higuera enterrada en metros de ceniza lucha por sobrevivir; con raíces menos profundas que los pinos no se ve ha visto afectada por el calor del subsuelo
Vista general del cráter, al fondo se puede observar el mar de lava que cubrió zonas habitadas











